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Una olla a presión: en la Casa Rosada comenzaron las discrepancias entre los funcionarios de cara a las elecciones

Nuevas grietas en la Casa Rosada.
Nuevas grietas en la Casa Rosada.

Mientras corre el cronograma electoral, la impaciencia crece en el ala kirchnerista del Frente de Todos. Pasada -y pisada- la instancia de la mesa política, y nueve días después de la apertura del año político en la Asamblea Legislativa, el kirchnerismo mira con desasosiego a Alberto Fernández, que prolonga, adrede, la definición final sobre su candidatura.

El Presidente, mientras tanto, se toma su tiempo. Desafía las presiones, y se limita a dar señales ambiguas, en su propia voz y en la de los referentes afines. En su entorno dicen que necesita “tiempo” para decidir si se presentará en las PASO, y apuntan a mayo. Un período de dos meses que en las filas K consideran, directamente, “una barbaridad”.

En la Casa Rosada argumentan razones históricas, con dos ejemplos del pasado reciente que involucran a los mismos actores que se preparan para jugar hoy: en distintos despachos albertistas, por estos días recuerdan, cuando se les pregunta por los plazos, que tanto Daniel Scioli como el propio Alberto Fernández fueron ungidos como candidatos por la misma Cristina Kirchner en mayo de 2015 y en mayo de 2019. Y en ambos casos, rememoran, hubo “tiempo de sobra” para hacer campaña.

“Estamos tranquilos, hay que desdramatizar, no es una cuestión de vida o muerte”, dijo un alfil del Presidente, sentado en su luminosa oficina, entre sorbos de agua mineral. Y volvió a machacar con la idea, muchas veces repetida por el Presidente, de que una PASO fortalecerán al candidato que se imponga y, a la postre, al Frente de Todos en su conjunto.

Ahora, dicen, resta que Alberto Fernández se siente con Cristina Kirchner y Sergio Massa para decidir en conjunto las reglas de juego. Y descartan una segunda edición de la mesa política tras el fracaso de la experiencia inicial.

El razonamiento irrita al cristinismo, donde pretenden que decida antes del final de marzo o, a lo sumo, en los primeros días de abril. “Esta demora es irracional, Alberto Fernández es el Presidente. Alberto y Scioli no eran presidentes (en 2015 y 2019). A (Carlos) Menem, a Néstor (Kirchner) con la fórmula “pingüino o pingüina”, a la misma Cristina, al mismo (Mauricio) Macri, jamás se les habría ocurrido poner en duda hasta último momento qué iban a hacer”, dijo un funcionario cristinista, y aclaró que los casos de Raúl Alfonsín y a Fernando de la Rúa fueron excepcionales, por el contexto de grave crisis económica y política.

En La Cámpora ya no buscan que Alberto Fernández se haga a un lado de la carrera, sino que se defina lo antes posible, de una vez por todas. “Si quiere ser candidato de verdad, tiene que picar en punta y decirlo ya. El armado de las candidaturas del Frente de Todos dependen de lo que haga Cristina, y de lo que haga él”, dijo un funcionario camporista.

Aunque aclaró, maliciosamente, que el poder de condicionamiento de Alberto Fernández no reside en su peso político específico, sino en su investidura. “¿Cómo lanzás las candidaturas si el mismísimo Presidente todavía no dijo qué va a hacer? Es inviable”, se impacientan en La Cámpora.

En ese marco de ansiedad se presentarán los colosos del kirchnerismo puro, en un doblete que podría dar muestras para el ordenamiento de las listas. Esta tarde, Cristina Kirchner, hablará en Viedma; y mañana, Andrés “Cuervo” Larroque junto a Jorge Ferraresi y la primera plana de la dirigencia kirchnerista bonaerense se mostrarán en Avellaneda.

La vicepresidenta, que suele mantener el silencio en los días previos a sus presentaciones, esta vez adelantó el estado de ánimo que la embarga. Cuatro días antes de su presentación en la Universidad de Río Negro, pareció urgida a responder los controvertidos chats con el Presidente que había difundido El Destape, donde decía que estaba decidido a “terminar con 20 años de kirchnerismo”.

“En un off se dicen barbaridades que después se niegan”, dijo la vicepresidenta, como al pasar, durante un homenaje a las Abuelas de Plaza de Mayo en el Senado. Estaba sentada junto a Estela de Carlotto, la titular de Abuelas que hace algunas semanas había defendido al primer mandatario en la discusión con Wado de Pedro por la exclusión de un acto con Lula da Silva.

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En el kirchnerismo, donde viven de interpretar las señales de su jefa máxima, leyeron en esa descarga un adelanto del discurso que dará en la capital de la provincia patagónica, unos 1000 kilómetros al norte de Lago Escondido, localidad del mismo distrito donde se tuvo lugar el polémico encuentro entre jueces, fiscales, exfuncionarios y empresarios el año pasado y que está siendo investigado por la Justicia. Se esperan las referencias habituales de la ex presidenta a Comodoro Py, sobre todo después de la lectura de los argumentos del fallo de Vialidad, ayer por la mañana. Sin embargo, también se especula con que aclare el panorama en referencia a su propia candidatura, después de las señales, también ambiguas, que viene emitiendo la vicepresidenta.

Mañana, en el sur del conurbano, las referencias electorales están aseguradas. La consigna de la jornada política será un pedido a viva voz a Cristina Kirchner para que sea candidata. Pero también será un mensaje hacia Alberto Fernández. El principal organizador, Andrés Larroque, que lidera el operativo clamor “CFK 2023″ desde su nueva fuerza, La patria es el otro, ya conminó al primer mandatario. “Viendo los movimientos eclécticos y confusos que viene realizando, me quedan dudas de que el Presidente tenga la intención de que el peronismo gane. Si no, no se comprende lo que está haciendo”, lanzó el dirigente cercano a Máximo Kirchner, en referencia a las demoras, señales y contraseñales con las que juega el primer mandatario.

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