Economía y Empresas
Crisis productiva

Con Javier Milei en la Rosada, ya cerraron más de 24 mil empresas y se agrava el empleo

Registros oficiales muestran una fuerte caída de empleadores en el inicio de 2026. La falta de nuevas firmas, el derrumbe del consumo y la recesión golpean al entramado productivo nacional.
Registros oficiales muestran una fuerte caída de empleadores en el inicio de 2026. La falta de nuevas firmas, el derrumbe del consumo y la recesión golpean al entramado productivo nacional.

El comienzo de 2026 no trajo señales de recuperación para el entramado productivo nacional. Por el contrario, profundizó un proceso de retracción que ya se venía observando: cada vez hay menos empresas en actividad y el sistema no logra regenerarse.

De acuerdo con registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, solo en enero se verificó una caída neta de 1.572 empleadores, lo que implica una reducción diaria cercana a las 70 firmas si se consideran los días hábiles.

La dinámica no es nueva, pero sí persistente. A fines de 2024 había poco más de 500 mil empleadores; un año después, ese universo se redujo a menos de 490 mil y volvió a achicarse en el arranque de 2026. En términos interanuales, la contracción supera las 11 mil empresas. Si se amplía el período hasta noviembre de 2023, previo a la llegada del presidente Javier Milei al poder, el saldo negativo es aún mayor: más de 24 mil unidades productivas dejaron de existir y cerca de 300 mil trabajadores salieron del circuito formal.

El fenómeno no puede explicarse únicamente por una ola excepcional de cierres. De hecho, desde la Secretaría de Trabajo admiten que el problema central pasa por otro lado: la falta de creación de nuevas empresas. Es decir, el tejido productivo se desgasta porque no se renueva. La cantidad de firmas que ingresan al sistema es insuficiente para compensar las bajas habituales.

Ese diagnóstico encuentra respaldo en distintos relevamientos privados. Informes de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa vienen señalando caídas en las ventas minoristas durante buena parte de 2025 y comienzos de 2026, con retracciones acumuladas en rubros clave del consumo masivo.

En paralelo, el Observatorio PyME advierte sobre una merma en la producción industrial de pequeñas y medianas empresas y un deterioro en sus niveles de rentabilidad, producto del aumento de costos y la debilidad de la demanda.

A esto se suma el impacto de la política macroeconómica. Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el consumo privado mostró caídas significativas durante 2024 y parte de 2025, en línea con la pérdida del poder adquisitivo. La combinación de ajuste fiscal, liberación de precios y contracción del ingreso disponible generó un mercado interno más chico, donde muchas empresas -especialmente las más nuevas- no logran sostenerse.

En ese contexto, los cierres se concentran en emprendimientos jóvenes, con menos de tres años de actividad. Son proyectos que enfrentan costos iniciales elevados, acceso limitado al crédito -con tasas que durante meses se mantuvieron en niveles muy altos- y un escenario de ventas incierto. Lejos de consolidarse, terminan saliendo del sistema antes de alcanzar estabilidad.

Incluso sectores que mostraron algún repunte estacional, como la construcción o ciertas actividades agrícolas, no logran revertir la tendencia general. El leve incremento de empleo registrado en enero responde más a factores coyunturales que a un cambio estructural. Mientras tanto, rubros como la industria manufacturera, la educación privada y los servicios financieros siguen en retroceso.

El discurso oficial, centrado en que la desregulación y el ajuste generarían condiciones para una “reconversión” eficiente del sector privado, no encuentra respaldo en los datos actuales. En lugar de una renovación del tejido productivo, lo que se observa es una pérdida de densidad empresarial, con las consecuencias que eso trae a nivel desempleo.

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