En un nuevo capítulo de coherencia selectiva, el presidente Javier Milei decidió celebrar en X el lanzamiento de la misión Artemis II, amplificando un posteo del influencer conocido como Gordo se la Dan, uno de sus principales voceros digitales.
El problema no es el entusiasmo espacial: es el detalle incómodo de que, dentro de esa misión, viaja el microsatélite argentino Atenea, desarrollado por organismos y universidades públicas que su propio Gobierno viene ajustando desde que asumió.
"Como doma EEEUU y Argentina" pic.twitter.com/P0Iz7ohqmI
— Gregorio (@Tlqemp17) April 1, 2026
Las universidades públicas van a la Luna gracias al satélite #Atenea, construido por científicos y estudiantes de UNSAM, UBA, UNLP y otras instituciones como CONAE y CNEA.
— Universidad Nacional de San Martín (@unsamoficial) March 30, 2026
Sólo 4 países pudieron "cargar" satélites en la misión: Argentina, Alemania, Corea y Arabia Saudita. https://t.co/hx5FUrxYOa
El Atenea no salió de un streaming ni de una consultora libertaria: fue diseñado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) junto a la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Es decir, exactamente ese entramado científico y universitario que quedó bajo la motosierra presupuestaria en nombre del “orden fiscal”.
Mientras en redes se celebra el “orgullo nacional”, puertas adentro del sistema científico el clima es otro: investigadores con financiamiento recortado, proyectos frenados y universidades obligadas a sostener desarrollos con recursos cada vez más escasos. El propio Atenea, un microsatélite de apenas 30 por 20 centímetros, es casi una metáfora perfecta: pequeño, resistente y obligado a sobrevivir en condiciones adversas.
En ese clima, el posteo que Milei eligió amplificar no pasó desapercibido. “Como doma Estados Unidos y Argentina”, escribió el Gordo se la Dan al celebrar la misión, en una lectura que mezcla épica geopolítica con fanatismo de redes. La referencia a Donald Trump aparece como guiño ideológico, pero la comparación hace ruido: mientras Estados Unidos invierte miles de millones en ciencia y tecnología, en Argentina el Gobierno festeja desde el celular un desarrollo que no impulsó ni financió.
La misión Artemis II, que despegó desde el Centro Espacial Kennedy y llevará astronautas a orbitar la Luna, incluye a Argentina como uno de los pocos países seleccionados para integrar carga secundaria. Un logro técnico relevante que posiciona al país en la nueva economía espacial. Pero lejos de ser el resultado de una política actual, es la consecuencia de años de inversión pública en ciencia, tecnología y formación de recursos humanos.
El dato incómodo es evidente: el Gobierno celebra un resultado que no construyó y que, de hecho, puso en riesgo. Porque detrás de cada componente del Atenea hay investigadores, laboratorios y universidades que no surgieron de la nada, sino de políticas sostenidas durante décadas.
Así, entre retuits y aplausos digitales, Milei se apropia de una foto que no sacó. Y mientras mira hacia la Luna, evita mirar el terreno local: ese donde la ciencia argentina sigue funcionando, muchas veces, a pesar de su propio Gobierno.
MÁS NOTICIAS