Política
Golpe demoledor

El caso Cuadernos vuelve a arrastrar a Cristina Kirchner y destruye su intento de resurgir

Las audiencias exhiben testimonios que reactivan el entramado de coimas y recaudación ilegal que rodeó a su gestión, dejando a Cristina políticamente acorralada y hundiendo cualquier intento del kirchnerismo de reconstruir su liderazgo.
Las audiencias exhiben testimonios que reactivan el entramado de coimas y recaudación ilegal que rodeó a su gestión, dejando a Cristina políticamente acorralada y hundiendo cualquier intento del kirchnerismo de reconstruir su liderazgo.

El kirchnerismo intenta volver a instalar a Cristina Fernández de Kirchner como figura central del escenario político, pero la Justicia no le da tregua. Cada nueva audiencia del juicio por la causa Cuadernos funciona como un recordatorio incómodo: mientras se habla de candidaturas y proscripciones, los arrepentidos detallan cómo funcionó durante años un sistema de recaudación ilegal montado desde el poder.

Las confesiones que se leen en el Tribunal Oral Federal N°7 no miran al pasado como una anécdota cerrada, sino que golpean de lleno el presente político. Empresarios, financistas y exfuncionarios describen un esquema aceitado de coimas en la obra pública, con listados, porcentajes, bolsos con dólares y vuelos al sur, y con un punto en común: Cristina Kirchner aparece señalada como destinataria final del dinero.

El problema para el kirchnerismo no es solo judicial, sino electoral. En pleno intento de reconstrucción política, el relato de “persecución” se debilita frente a testimonios coincidentes que exponen cómo se condicionaban pagos, se cartelizaron licitaciones y se utilizó el Estado como una caja de recaudación. Cada arrepentido que habla suma un nuevo obstáculo a cualquier estrategia de victimización.

Mientras algunos dirigentes buscan despegarse o guardar silencio, la figura de Cristina vuelve a quedar asociada a lo peor de su gestión: corrupción estructural, manejo discrecional de fondos públicos y un entramado que funcionó durante más de una década. El contraste con el discurso de justicia social, derechos y ética pública resulta cada vez más difícil de sostener.

El juicio avanza y el calendario político también. Esa simultaneidad es el verdadero problema para el kirchnerismo: no puede cerrar la etapa judicial ni dejar atrás el pasado, pero tampoco logra instalar una agenda nueva sin que los cuadernos, los bolsos y los arrepentidos vuelvan a escena. En ese cruce, Cristina intenta reaparecer como líder política mientras la corrupción vuelve a ocupar el centro del debate.

Lejos de tratarse de una causa más, el expediente de los cuadernos se transformó en una mochila electoral pesada. Y mientras el kirchnerismo mira hacia adelante, la Justicia insiste en mirar hacia atrás, recordando quiénes gobernaron, cómo lo hicieron y a qué costo.

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