Economía y Empresas
Crisis del consumo

Supermercados en rojo: el plan económico de Milei hunde las ventas y dispara las pérdidas

Las principales cadenas del país, como Carrefour, La Anónima y Makro, registran caídas históricas en sus ingresos y operan a pérdida, en medio de una recesión que ya se compara con la crisis de 2001.
Las principales cadenas del país, como Carrefour, La Anónima y Makro, registran caídas históricas en sus ingresos y operan a pérdida, en medio de una recesión que ya se compara con la crisis de 2001.

El veredicto en el mundo empresario es unánime, aunque pocos lo digan en público: el “especialista en crecimiento” Javier Milei resultó ser un fraude, a tal punto que la economía desbarrancó y el consumo se vino a pique, lo que se ve reflejado en el hecho de que las principales cadenas de supermercados de la Argentina están trabajando a pérdida.

Desde Carrefour hasta La Anónima, pasando por los mayoristas Diarco y Makro, todos reconocen —en voz baja— que el rojo operativo se volvió estructural. Algunos lo ubican desde mitad de año, otros desde abril, e incluso hay quienes lo arrastran desde fines de 2024.

El descalabro es de tal magnitud que, para dimensionarlo, hay que mencionar que no se registraba un desplome semejante en la actividad económica desde la crisis de 2001, la cual se concretó durante el gobierno de Fernando de la Rúa, pero que se originó por los desastre de la gestión de Carlos Saúl Menem, cuyo sobrino Martín “curiosamente” hoy es diputado del oficialismo.

La lista de causas del desplome es larga, pero el denominador común es claro: la política económica de “Jamoncito” y Luis Caputo. El plan de “sinceramiento” y ajuste fiscal, sumado a una inflación que volvió a acelerarse en los últimos meses y a la pérdida sostenida del poder adquisitivo, terminó por golpear de lleno al consumo masivo. Las góndolas están más llenas que nunca, mientras que los changos se llenan de telarañas esperando que alguien los cargue.

El mercado interno no sólo se achicó: también se transformó. La creciente expansión de las compras digitales y servicios puerta a puerta, favorecidos por una apertura comercial sin restricciones, desplazó parte de la demanda hacia plataformas internacionales. El resultado: ventas en caída libre y márgenes cada vez más finos.

Algunas empresas logran amortiguar el golpe gracias a negocios paralelos, como la emisión de tarjetas propias, el alquiler de locales o la renta de espacios en shoppings. En cambio, los supermercados de cercanía y almacenes de barrio, con estructuras de costos más livianas, logran resistir algo mejor.

Los síntomas del colapso se acumulan. La cadena francesa Carrefour analiza su venta, con el interés de Cencosud, Alfredo Coto y Francisco De Narváez. Makro ya pasó a manos del grupo chileno, y Diarco cerró varios locales. La Anónima, de la familia Braun, registró una caída de sus ganancias de más del 50 por ciento entre junio de 2024 y julio de 2025, pasando de 77 mil millones a 31 mil millones de pesos.

Anecdóticamente, entre los ejecutivos del sector circula la historia de una cadena mayorista que debió descartar 570 toneladas de mercadería vencida: un símbolo perfecto de la recesión y la caída del consumo.

Las estadísticas respaldan la percepción. La consultora Scentia relevó en 2024 un desplome de 14 por ciento en ventas minoristas y 12 en mayoristas. En 2025, la tendencia apenas se moderó: agosto cerró con una baja interanual del 5,1porcentual en supermercados de cadena, mientras los mayoristas retrocedieron 8 por ciento. En contraste, el comercio electrónico creció más de 10% en el mismo período, evidenciando el cambio de hábito del consumidor.

El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) también confirmó la tendencia: en julio las ventas en supermercados cayeron 2,1 puntos porcentuales respecto del mes anterior, sumando cuatro meses consecutivos de baja. Desde que Milei asumió, el sector acumula una contracción del 10,1 por ciento en comparación con los dos años previos. Incluso el INDEC detectó una caída de 9,3 en la confianza empresarial dentro del rubro.

Desde el Sindicato de Comercio, que agrupa a 1,2 millón de trabajadores —10 por ciento de ellos empleados en grandes superficies—, admiten que el rojo operativo de las empresas explica la resistencia patronal a convalidar los aumentos salariales acordados por la Cámara Argentina de Comercio y la CAME.

La foto es elocuente: un país con precios dolarizados, salarios en retroceso y consumo en mínimos históricos. Mientras Milei y Caputo prometen que “el sacrificio valdrá la pena”, el mostrador del supermercado parece desmentirlos día tras día.

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