Política
Desmantelamiento estatal

Milei firma la defunción de Vialidad Nacional y condena las rutas argentinas al abandono

Con el cierre de Vialidad Nacional, 5500 trabajadores quedan en la calle y 40 mil kilómetros de rutas sin mantenimiento, dejando a pueblos incomunicados y a millones en riesgo.
Con el cierre de Vialidad Nacional, 5500 trabajadores quedan en la calle y 40 mil kilómetros de rutas sin mantenimiento, dejando a pueblos incomunicados y a millones en riesgo.

Mientras vos pensás si el próximo pozo te revienta el tren delantero o directamente te mata, el presidente Javier Milei firma alegremente el certificado de defunción de Vialidad Nacional, el organismo que, desde hace décadas, mantiene más de 40 mil kilómetros de rutas y que hoy deja sin laburo a 5500 trabajadores.

Porque claro, en la lógica de este gobierno, cerrar organismos estatales es sinónimo de “luchar contra la corrupción”, aunque eso signifique dejar a pueblos incomunicados, a rutas congeladas sin asistencia y a miles de familias sin sustento.

La noticia llegó, como siempre, de la mano del ventrílocuo de turno, el vocero presidencial Manuel Adorni, que aseguró, con una sonrisa cínica, que “la corrupción en la obra pública tiene su acta de defunción firmada”.

El problema es que esa acta también condena a muerte a cualquier persona que se atreva a manejar por la Cordillera en invierno, a un productor que dependa de rutas para sacar su cosecha o a un colectivo lleno de laburantes volviendo del norte a la capital.

¿Quién va a despejar la nieve en Neuquén? ¿Quién va a socorrer a los atrapados en una ruta por un alud? ¿Quién va a mantener los caminos transitables en zonas rurales? Nadie. Porque el Estado se borró. Porque Milei decidió que todo lo que huela a público es el enemigo, aunque sea lo que te salva la vida.

Y como si fuera poco, el Gobierno planea privatizar 9120 kilómetros de rutas mediante una licitación, que no tiene nada de transparente ni de eficiente. Es un nuevo negociado para los amigos del poder, una nueva oportunidad para entregar lo que queda del país a pedazos.

En lugar de discutir cómo mejorar la infraestructura vial o cómo modernizarla, la cierran con un video de Jorge Lanata. Ridículo, patético, y peligrosamente idiota. Como si un corte editado en la tele justificara arrasar con un organismo clave para la vida cotidiana de millones.

Mientras tanto, los gremios denuncian un "genocidio en las rutas nacionales", con más de 118 tramos a la deriva. Graciela Aleñá, secretaria general del STVyARA, no se anduvo con vueltas: “Nos vamos a morir todos en las rutas argentinas. Es una vergüenza. Mienten con nuestras funciones y está armado para hacer negocios”.

Pero para Milei, el que se muere por falta de mantenimiento es un daño colateral del dogma libertario. Nada importa si no se puede medir en dólares, si no cotiza en Wall Street. No hay sensibilidad, no hay planificación, no hay país. Sólo hay motosierra, soberbia y obediencia ciega al manual del ajuste salvaje.

Mientras tanto, vos andá bajando el cambio cuando agarres la ruta. Porque ya no hay nadie del otro lado para ayudarte.

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