El presidente Javier Milei, en su habitual estilo provocador, no dudó en afirmar que está dispuesto a “gobernar sin Presupuesto” si el proyecto se estanca en el Congreso, algo que parece más un desafío que una propuesta seria. En una demostración de desprecio hacia el proceso democrático y las instituciones, el mandatario se presenta como el mesías que no necesita de un plan financiero respaldado por los legisladores. Pero, ¿realmente puede un país funcionar en la anarquía presupuestaria que Milei parece vislumbrar?
El Gobierno ha presentado su proyecto de "ley de leyes", que contempla un drástico ajuste del gasto y la utopía del déficit cero. Sin embargo, el oficialismo se encuentra en minoría y necesita captar votos, lo que lo deja en una posición vulnerable frente a una oposición que, irónicamente, busca su cuota de poder ante una gestión que se ha mostrado hasta ahora desinteresada en dialogar. La idea de que el Presidente pueda partir aumenta sin el respaldo del Congreso suena más a un mal chiste que a un plan serio de gestión.
🔴 "No me preocupa si no se aprueba, gobernaré con el Presupuesto del 2023".
— BorderPeriodismo (@BorderOnline) October 15, 2024
Al mismo tiempo Milei aseguro que en el Congreso ve gente "muy preocupada, porque si nos va bien se les termina el curro".
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Cabe recordar que Javier Milei ya ha tenido un año completo de mandato sin un Presupuesto formal, gracias a un acuerdo con el exministro Sergio Massa. Pero, al parecer, el hecho de que haya navegado en aguas turbulentas durante su primer año no le da un pasaporte para repetir la historia. ¿Qué pasará si este segundo intento por eludir la ley termina en un callejón sin salida? Las dudas sobre la legalidad de su propuesta son muchas y parecen pasar desapercibidas en su discurso de “éxito”.
Mientras tanto, el Presidente continúa desdibujando la realidad al afirmar que Argentina está “saliendo del infierno de una manera exitosa” y que la inflación ha disminuido. Pero, ¿es esta realmente la situación en la que vive el argentino promedio? Las promesas de crecimiento en medio de un cepo cambiario parecen más bien un canto de sirena. Por si fuera poco, la idea de que “se puede crecer” a pesar de estas restricciones es un tanto risible, especialmente cuando los sectores más vulnerables luchan por llegar a fin de mes.
Por otro lado, Milei, en su intento por desmarcarse del “populismo”, se ha arremetido contra las universidades públicas, insinuando que la falta de auditoría es sinónimo de corrupción. Sin embargo, este ataque parece más una cortina de humo para desviar la atención de los verdaderos problemas económicos que enfrenta el país. ¿Acaso un ajuste brutal en la educación será la solución para el caos que él mismo ha contribuido a crear? En resumen, la idea de que todo se soluciona con recortes y sin un plan claro es, por decirlo de alguna manera, un enfoque bastante simplista que podría llevar a un descalabro total.